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Artículos

Geometría Sagrada

Desarrollo Externo
Artículo #11 Retículas Terrestres
®Todos los derechos reservados. Autor del documento: Arturo Ponce de León para Psicogeometría México. Colaboración: Ninón Fregoso.Se autoriza la reproducción del material contenido en este sitio siempre y cuando se cite la fuente y se respete la integridad del texto.

Extracto del libro "El Poder de la Vida en la Geometría Sagrada y la Arquitetura Biológica de Arturo Ponce de León y Ninón Fregoso" Adquierelo aquí

 

Dado el universo de Campo Fractal en el que habitamos, estudiaremos ahora la filosofía y práctica introductoria de los códigos de la Geometría Sustentable en nuestro entorno, específicamente en nuestra tierra, en donde vivimos, nuestras casas y terrenos. A este estudio le llamaremos Arquitectura Biológica, pues busca tomar la sabiduría de las formas y funciones de la vida y trasladarle su fuerza a los diseños y estructuras arquitectónicas.

En el universo podemos observar diferentes escalas organizativas de las estructuras que forman la Naturaleza. Desde lo infinitamente mayor hasta lo infinitamente menor encontramos, como bien ya sabemos, una constante: el toroide. Si observamos la disposición que tienen los elementos en estas escalas, nos daríamos cuenta de que la imagen que mejor ilustra el empaquetamiento y desempaquetamiento de la Naturaleza es la de las capas de un toroide fractal. Normalmente, tendemos a visualizar esta anidación con la metáfora “las capas de una cebolla”, donde diferentes niveles de realidad, cada uno con sus propias leyes y estructuras, están anidados uno dentro de otro. Hoy sabemos por la Geometría Sustentable que no es sólo una anidación en capas, sino un empaquetamiento fractal en toroides. Pero veamos esto con más detalle.

Cada nivel tiene sus propias leyes de ordenación pero todos los niveles están atravesados por las constantes y leyes ya mencionadas. Haciendo un recorrido visual por los distintos niveles de realidad, encontraremos que, físicamente, lo infinitamente mayor son los denominados extra-universos, propuestos por Andrei Linde, físico de la Universidad de Stanford. Dentro de estos, en orden decreciente, encontramos los universos, los súper-cúmulos de galaxias, las galaxias, los cúmulos de estrellas, las estrellas, los sistemas solares, los planetas, el ecosistema planetario y regional, los organismos vivientes, los órganos, las células, moléculas simples y orgánicas como el ADN, los átomos, el núcleo atómico, las onda-partículas llamadas quarks, las súper cuerdas… Aunque desconocemos cuántos niveles más va a encontrar el ojo de la ciencia, llegará un momento en el que los investigadores, con todo su arsenal predictivo, por medio de un poderoso artefacto, descubran en lo infinitamente menor lo infinitamente mayor. En ese momento, el paradigma científico mecanicista y maniqueo tendrá que abrir más sus puertas para el replanteamiento de un universo fractal. Un poema indígena dice: sabio quien, caminando en círculos, se mira la espalda.

El plano antiguo de Praga revela la forma de una rosa: espirales áureas en torno a un punto cero para crear implosión

En estados meditativos, se puede tener la experiencia de expansión de conciencia donde se comience por sentir el propio cuerpo, el planeta, el sistema solar, la galaxia, los cúmulos de galaxias, los súper-cúmulos de galaxias, el universo, los extra-universos y, finalmente, regresar de un golpe, a tu cuerpo en lo infinitamente menor, habitando cada uno de los átomos, moléculas y células. Estas experiencias se han descrito desde tiempos inmemorables por todas las culturas que han buscado el desarrollo de la ciencia subjetiva, primordialmente las filosofías de Oriente y la sabiduría indígena. Hay dos maneras de conocer el universo, mediante la ciencia objetiva y la ciencia subjetiva. La objetiva se basa en la conciencia del hexágono, de la Flor de la Vida, de las máquinas, de la tecnología y la otra, la subjetiva, es mediante la conciencia del pentágono, de la Pentaflor, de la tecnología biológica que conoce la realidad del Universo. Aquí es donde el cuerpo y sus sutiles niveles de realidad interior hacen las veces de ojo hacia lo indescriptiblemente menor para llegar a lo mayor. La máxima socrática “conócete a ti mismo” es empezar a mirarse hacia adentro del cuerpo para terminar contemplando el mundo “externo”.

El cambio geométrico en nuestra conciencia que permite la implosión de la realidad exterior hacia el interior ha sido popularizado como la “ley de atracción”, donde básicamente se dice que una persona vive su realidad porque atrajo tal o cual cosa. Pero… ¿Cuál es la clave de ese “secreto”? ¿Cómo atraer aquello que realmente uno quiere y no lo contrario? ¿Por qué muchas personas sueñan con vivir ciertas cosas pero jamás las manifiestan? La respuesta está más allá de la atracción. La respuesta está en conocer la base geométrica y científica para que la atracción tenga lugar: la inclusividad armónica de las diferencias anidadas en geometrías de vida fractal. No basta con desear algo, es indispensable trabajar en ello, y el trabajo es cambiar patrones, geometrías, formas-pensamiento, conductas en el interior, para succionar, como lo hace el núcleo atómico, el exterior. Tener la voluntad de querer lograr algo demanda paciencia, observación y estructuras fractales. No basta que uno lo desee para manifestarlo. Uno tiene que convertirse en un punto cero implosivo y para ello tiene que vaciarse de las ideas obsoletas, emociones caducas y espiritualidades parasitarias.

Para poder comprender la totalidad del poder de la Arquitectura Biológica debemos antes que nada ir de lo más externo a lo más interno. Medir y sentir la ubicación donde se va a situar un espacio arquitectónico es condición primordial para generar un punto de fuerza en el vértice de las geometrías de la Tierra, los canales por donde discurre la “sangre”, el electro-magnetismo del planeta. Para ello, necesitamos saber que el planeta esta circunscrito por diferentes retículas terrestres. Una retícula terrestre es una red, un entramado creado por la disposición de figuras geométricas sobre una superficie esférica. Los vértices de la figura geométrica coinciden con algún punto sobre la esfera y es por el vértice por donde hay fenómenos de implosión o explosión. Si seguimos el camino que traza la arista de la figura geométrica sobre la superficie, nos daremos cuenta que es el mismo camino de peregrinaje hecho por algunos indígenas conocedores del flujo natural energético del planeta. También son los puntos y caminos donde buscan los gobiernos del mundo posicionar sus bases militares o centros de operación. Son caminos por donde discurre la fuerza vital que surge como consecuencia del entramado cósmico. Son los canales por donde corre la fuerza Kundalini, la capacitancia de carga del mundo entero y de todos sus habitantes.

Tenemos 5 retículas básicas y 13 complementarias que, al sumarse y entrelazarse, nos dan nuevas y cada vez más complejas estructuras reticulares. De manera general, la retícula tetraédrica, a la que le corresponde la cualidad energética del tetraedro, está asociada a la barisfera y a la sexualidad planetaria. La retícula hexaédrica, a la litósfera y la viabilidad o no de los movimientos sociales; la retícula octaédrica, a la atmósfera y a los sistemas de pensamiento colectivo. En la tradición indígena, se habla de seis rumbos base para el universo, norte-sur-este-oeste y arriba-abajo. ¿Si seguimos geométricamente este movimiento, no es acaso un octaedro lo que formamos? Seis rumbos son los seis vértices en el octaedro. Las pirámides, a lo largo y ancho de todo el planeta, tienen la función de estabilizar los cambios atmosféricos, mediante una onda de energía llamada “verde negativo horizontal”, descrita por el arquitecto suizo Dr. I. Karim, experto egiptólogo. De las pirámides, únicamente vemos la parte de arriba del octaedro pero siempre están pensadas con las partes completas, la pirámide de base cuadrada tiene otra opuesta debajo pues forma un octaedro, como ocurre en la pirámide de Giza.

La retícula planetaria icosaédrica tiene relación con la hidrósfera y con las emociones colectivas; y la retícula dodecaédrica con la biósfera y con el nivel de salud que puede llegar a tener un planeta. La forma que tiene el ADN, es la de un dodecaedro, y es en la biosfera donde se ubican la mayor cantidad de seres vivos y de moléculas compuestas de ADN. La llamada Red Crística es la superposición de ambas redes, formando una red icosa-dodecaedrica. El biocampo que se produce al “conectar” los nodos o vértices de las diferentes redes es lo que se busca con trabajos de meditación que cada día se hacen más populares y que tantas conciencias despiertan. Estas redes geométricas tienen una relación directa con las redes bioenergéticas del planeta como lo son las redes Hartmann, Curry, Ley, Wismann, Peyre, etc., que indican los lugares adecuados para establecer una construcción. De la tierra emana una complejísima radiación constituida en parte por las energías telúricas y electromagnéticas propias del planeta y en otra por las energías y radiaciones cósmicas que él refleja o refracta.

 

Los “centros de poder” en el planeta surgen por los vértices de las retículas planetarias geométricas. Situados en este tipo de puntos tenemos el Pentagono en Washington, la piramide de Giza, la Sierra Volcánica Transveral en México (entre cientos de otros).

El Pentágono en EE. UU., se encuentra localizado exactamente dentro de los trazos estelados, producto de los pentágonos mayores formados por el dodecaedro, en un vértice crucial para el control de la red dodecaédrica y de la información geométrica del ADN, la conciencia de la salud y la enfermedad del mundo. El tamaño, la proporción, el ángulo de giro, la disposición entera en su conjunto está ordenada para vincularse con la red que rige la vida orgánica del planeta. Pero no sólo eso, sino que está construido como un capacitor, con capas anidadas de conducción y aislancia; observemos los cinco pentágonos en tamaño decreciente.

El biólogo mexicano Dr. E. Ortiz, hizo una profunda investigación sobre las redes geométrico-energéticas que corresponden a México y encontró relaciones entre sus cálculos matemáticos y la orografía de la Sierra Volcánica Transversal, así como la relación entre los asentamientos humanos en ciudades modernas y centros antiguos y los vértices de lo que él denomino la Retícula Planetaria Dorada.

Estas macro redes pueden estelarse y generar trazos geométricos pequeñísimos hasta lo infinitamente menor. Los jardines Zen, con sus disposiciones exactas de grandes piedras, los laberintos sagrados o los jardines geométricos tienen el sentido de impactar los vértices de diferentes redes geométricas para modificar la conciencia de quienes están vinculados a ella. Por ejemplo, en los jardines Zen, cada piedra representa un miembro de la familia o una parte del linaje familiar que, dependiendo de la ubicación geográfica y la relación con las demás piedras, tiene la misión de ordenar la conciencia de tal o cual persona (a través de insertar una nueva geometría que desbloquee el flujo de amor entre los seres que buscan un mayor beneficio en tal espacio).







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