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Artículos

Geometría Sagrada

Arquitectura Biológica
Artículo #12.3 Materiales para construcción
®Todos los derechos reservados. Autor del documento: Arturo Ponce de León para Psicogeometría México. Colaboración: Ninón Fregoso.Se autoriza la reproducción del material contenido en este sitio siempre y cuando se cite la fuente y se respete la integridad del texto.

Extracto del libro "El Poder de la Vida en la Geometría Sagrada y la Arquitetura Biológica de Arturo Ponce de León y Ninón Fregoso" Adquierelo aquí

 

Los materiales que se utilizan en la construcción son importantes por la relación que mantienen para preservar o destruir la coherencia del campo electromagnético de la vida orgánica. Los materiales que han sido calentados a muy altas temperaturas han destruido, en cierto grado, sus arreglos geométricos naturales, además de que este tipo de materiales emiten una radiación llamada radiación de cuerpo negro. En forma de radiación infrarroja, el aluminio, por ejemplo, continúa emitiendo ondas que distorsionan el biocampo de todo ser vivo.

Los materiales naturales los podemos clasificar de los más fractales a los menos fractales; de aquellos que ayudan que se reordene el campo electromagnético de la vida orgánica, a aquellos que se vuelven venenosos para este campo. El “espíritu” de un material lo definimos desde la ciencia como la forma de radiación de carga, es decir, la forma del campo de capacitancia de carga. Dividimos en cinco categorías básicas esta clasificación de fractalidad en los materiales que comúnmente se usan en la construcción: metales, maderas, piedras, telas e iluminación.

En cuanto a los metales, el más fractal es el oro. Recordemos que el polvo de oro mono-atómico del investigador escocés L. Gardner era el maná de los dioses y que, en la actualidad, se ingieren estas partículas. Este tipo de oro es soluble en agua y por tanto en la sangre. Luego tenemos el paladio, el platino, la plata, el cobre, el hierro, el estaño, el acero y, al final de la lista, el aluminio.

Como seres humanos tenemos las capacidades para percibir estos campos, estamos equipados con la tecnología más avanzada de percepción: nuestro propio cuerpo, que es producto de millones de años de evolución biológica. Es sólo cuestión de sensibilizarnos al campo fractal de la vida y para ello no tenemos que hacer nada, sólo ser, permitirnos ser el momento habitando aquí y ahora. Podemos hacer una sencilla prueba para percibir qué materiales son benéficos para la vida y cuáles no. Hacemos con papel de aluminio un gorro con el que nos cubrimos la cabeza. No pasarán varios minutos para que comencemos a sentirnos mareados, quizá con dolor de cabeza, desconectados de la vida. Si se hace lo mismo con alguno de los metales de alta fractalidad, ocurrirá todo lo contrario: mayor lucidez, mayor claridad mental, mayor salud. ¡Pero claro, no todos podemos hacernos un gorro de oro para probar esto! Lo que sí podemos hacer, y que tiene prácticamente la misma fuerza, es armar un dodecaedro del tamaño de nuestro cráneo, cortarlo a la mitad para usarlo como gorro y poner pequeñas esferas de oro en los vértices. ¡Ya sentirás la gran diferencia!

En cuanto a las maderas, tenemos las de grano abierto con bajo contenido mineral y las de grano cerrado con alto contenido mineral. Las llamadas maderas fuertes son más fractales que las maderas suaves. Los constructores, de forma práctica, clasifican a las maderas en fuertes, blandas y finas. Las maderas denominadas fuertes tienen mayor resistencia y duración, mayor peso específico (850 a 950 Kg. por m3, recién cortadas) y color más intenso. Proceden, generalmente, de plantas de larga vida y desarrollo lento, alcanzando considerables dimensiones. Las maderas blandas, en cambio, están sujetas a la carcoma o polilla, esto es, son atacadas con facilidad por larvas o insectos que penetran en la masa leñosa; se deterioran fácilmente por las alternativas de sequedad y humedad; son poco duras y fáciles para trabajar; son en su mayoría blanquecinas o de colores claros; tienen menor peso específico y derivan, en general, de plantas de dimensiones no muy grandes y de crecimiento rápido. También se llaman finas algunas maderas de peso específico reducido y derivadas de árboles variados, las cuales, por la belleza de su textura y por la facilidad de laboración, se emplean como maderas decorativas.

Aunque no es posible establecer una distinción precisa entre ellas, algunos ejemplos de maderas fuertes son el encino, el maple, el cedro, la caoba, el okume y cedrillo, entre otras. Como maderas blandas tenemos el pino o aquellas que proceden de coníferas o de árboles de crecimiento rápido. Son las más abundantes y baratas. El bambú, o guadua, lo ubicamos en un lugar alto en el nivel de fractalidad por sus fibras capilares y su inigualable resistencia.

Si nos referimos a las piedras que se emplean en la construcción, las podemos clasificar en piedras paramagnéticas y piedras diamagnéticas. Las piedras paramagnéticas son aquellas que, por su contenido metálico, responden al campo magnético de la tierra, mientras que las piedras diamagnéticas no lo hacen. Por ejemplo, el granito, las piedras calizas, el mármol tienen una elevada fractalidad, mientras que la piedra arsénica, la pizarra, la cuarcita y la filita poseen menor nivel. Consideramos el vidrio (obtenido de la arena) como un nivel neutro de fractalidad.

En cuanto a las telas, de mayor a menor nivel de fractalidad, se ordenan así: el cáñamo (producido por la fibra de la marihuana o cannabis sativa), la seda, el algodón, la lana y, en el último nivel, el poliéster y las telas sintéticas. Se recomienda enfáticamente evitar el uso de telas de baja fractalidad en el cuerpo, pues además de que son dañinas al cuerpo físico (impiden la transpiración), lo son también al cuerpo electromagnético, impidiéndole embonar con otros campos.

Para concluir esta descripción, respecto a la iluminación lo más conveniente a usar es la luz solar. Se ha medido cómo el uso de luz artificial en las aulas de clase hace que descienda dramáticamente la atención de los estudiantes por la sencilla razón de que la luz artificial no tiene el ángulo de inclinación necesario para entrar en la retina, haciendo que el sistema nervioso central tenga que hacer un sobreesfuerzo para enfocar las frecuencias de onda desordenadas. El sobretrabajo consiste en que el cuerpo tiene que ordenar las fases de onda que vienen desordenadas por la calidad de la emisión lumínica. De mayor a menor nivel de fractalidad tenemos la luz solar, los focos de amplio espectro sin balastro, los focos incandescentes, los focos de luz halógena, los focos fluorescentes con balastro electrónico y, por último, los focos fluorescentes con balastro mecánico.








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