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Artículos

Geometría Sagrada

Artículo #2.3 El Ser Humano como un toroide
 
®Todos los derechos reservados. Autor del documento: Arturo Ponce de León para Psicogeometría México. Colaboración: Ninón Fregoso.Se autoriza la reproducción del material contenido en este sitio siempre y cuando se cite la fuente y se respete la integridad del texto.

Extracto del libro "El Poder de la Vida en la Geometría Sagrada y la Arquitetura Biológica de Arturo Ponce de León y Ninón Fregoso" Adquierelo aquí

Este movimiento en espiral de entrada y salida de la energía en torno al punto de vacío genera lo que en Astrofísica se llaman agujeros de gusano. Sólo cuando la espiral se ajusta a cierta proporción se da la posibilidad de la creación de vida. A la figura que se crea de una espiral siendo succionada por el punto de vacío y luego siendo expulsada de él se le conoce como Tubo Toro o Toroide. En geometría, un toro es la superficie de revolución engendrada por una circunferencia que gira alrededor de una recta fija de su plano. La palabra “toro” proviene del vocablo en latín torus. Un toro sólido es un objeto tridimensional construido mediante el producto cartesiano de un disco y un círculo. El toroide tiene la forma de dona, de llanta o de esfera agujereada en el centro.

¿Qué utilidad puede tener el toroide, por ejemplo, en la creación y comprensión de símbolos de poder? ¿Si nos preguntamos por qué escribimos las letras como las escribimos? Es decir, ¿Por qué con esa forma y no con cualquier otra? ¿De dónde heredamos que las letras tengan la forma que tienen? D. Winter junto con otros investigadores como S. Tenen, descubrieron en la década del setenta que el origen de los patrones de forma de los alfabetos es geométrico. Y esto deriva de la noción de toroide. A partir de los movimientos de una espiral áurea inscrita en el toroide y de sus consiguientes inclinaciones angulares, se va obteniendo por proyección, todas las formas del alfabeto que utilizamos; pero no sólo eso, sino que se obtiene también las formas de los alfabetos sagrados como el hebreo, el sánscrito o el occidental. Por eso decimos que las formas, los símbolos, las letras, contienen mucha más información de la que estamos acostumbrados a pensar. Contienen información angular, sobre inclinaciones y proporciones que permiten codificar diferentes niveles de realidad.

La forma del Om hindú, que si buscamos crear la forma real del símbolo vinculando su imagen visual a su imagen sónica debemos pronunciarlo como “aeouim”, es el sonido primordial del universo según dicha filosofía. Visto geométricamente refleja un toroide que simboliza la relación entre la materia y la energía, entre lo masculino y lo femenino. Si rotamos en 90º la imagen, vemos que la forma aparente de número “3” es la forma de un toroide que representa la fuerza gravitacional, implosiva o femenina, mientras que la línea en la parte superior es la fuerza electromagnética, asociada con lo masculino, con la energía solar. Del lado izquierdo notamos la representación del Sol y la Luna creciente evocando este principio.

En el acto sexual, el proceso de la implosión femenina y la explosión masculina se hace evidente en el instante mismo de la fecundación. El óvulo siendo una esfera no se abre para dejar entrar el espermatozoide, sino que éste tiene que salir de su esfericidad, de su completud para convertirse en un toroide: crear el vacío en el centro e implotarlo. El óvulo (símbolo femenino) deja de ser una esfera, creyéndose completo en sí mismo, y abre paso al espermatozoide (símbolo masculino), representante visible de la energía caótica que busca un punto de implosión. El óvulo le enseña el camino, siempre áureo, para ser tragado y al llegar al centro, al vacío, comenzar el proceso de división mitótica celular.





Para que este proceso comience, debe de haber no sólo una geometría adecuada (un registro de frecuencias de onda complementarios entre ambos), sino que la energía necesaria para que se produzca el “chispazo” debe ser muy elevada, la diferencia de potencial eléctrico entre el espermatozoide y el óvulo es del orden de 400,000 voltios como lo indica el médico español J.L Bardasano. Además, si graficamos en el tiempo el crecimiento del bebé en el útero materno nos daríamos cuenta de que obedece a un desdoblamiento en espiral.

Los tornados se crean de la misma manera, se enroscan en movimientos toroidales donde una capa de aire caliente envuelve una de aire frío. En el trenzado ocurre un movimiento de torsión producto del vacío. En la Tierra las radiaciones telúricas junto a las cósmicas crean un campo eléctrico que entre más distante sea la diferencia entre uno y otro mas intensa será la transmisión de carga (esto puede llegar a oscilar entre los 100 voltios/metro a los 100,000 voltios/metro).

La sexualidad, la formación de parejas, la empatía, la atracción, la polaridad entre dos personas surge por el mismo principio: diferencia de potencial eléctrico y magnético; saber cultivar nuestro potencial electromagnético es condición inequívoca para vivir una relación de pareja estable y duradera.

La noción de sujeto que tenemos en Psicogeometría es la noción de un sujeto como toroide fractal. En esta concepción podemos encontrar cualquier información en cualquier lugar de los cuerpos de un ser vivo. El toroide es de vital importancia en la Naturaleza pues en él se resumen las diferentes formas para subir o bajar en la escala de complejidad o de embonabilidad.

La topología del toroide ha sido retomada por el pensador y psicoanalista francés J. Lacan para concebir la noción de sujeto. En la historia de la humanidad el Toro ha sido representado como el símbolo de la manzana, utilizado por las sociedades secretas platónicas o, más recientemente, en la masonería, por ejemplo. Para el experto ruso en mitología sumeria, Z. Sitchin, el mito de la manzana en el Génesis, cuando ésta es comida por Eva y Adán significa un cambio en la composición genética del ser humano. Es el paso geométrico de ser una esfera (y no ser capaz de reproducirse) a convertirse en toroides, viviendo una sexualidad libre que les permite engendrar. Implica que ambos dejan de ser de alguna manera esclavos de sus amos y se vuelven creadores. El investigador revisa detalladamente la noción religiosa de pecado (en latín, pecatus significa ‘no dar en el blanco’ o sea, ‘error’) como algo negativo, y la replantea como la oportunidad para vivir con mayor conciencia, la oportunidad de crear conocimiento y nuevas posibilidades de vida.

La forma de una manzana ilustra acertadamente el proceso de creación. En el centro, un vacío fractal, es decir, un vacío creativo donde se aloja la semilla que tiene la posibilidad de reproducir la vida nuevamente, encapsulada en un pentágono con pétalos en forma de almendra (en latín, vesica piscis que significa la vesícula del pez y en italiano mandorla o almendra) y en su exterior una capa que limita y protege el interior. Homólogamente, en el sujeto la personalidad corresponde a la cáscara de la manzana y la semilla al ADN.

La pulpa representa las experiencias acumuladas luego de haber sido filtradas y asimiladas desde el exterior.








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