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Geometría Sagrada
 
Realidad objetiva y subjetiva
 
® COPYRIGHT. Todos los derechos reservados. Autor del documento: Arturo Ponce de León. Colaboración: Ninón Fregoso. Se autoriza la reproducción del material contenido en este sitio siempre y cuando se cite la fuente y se respete la integridad del texto.
 

Para el estudio del Cosmos, del orden del universo, hay que comprender que hay dos realidades básicas. La realidad subjetiva es la secuencia de eventos internos y la realidad objetiva es la secuencia de eventos externos. Ambas están profundamente interconectadas a través de las relaciones de objetos, que son los enlaces que se tejen entre una secuencia y la otra. Estas relaciones se establecen mediante enlaces de signos. Un signo es la unidad mínima de significación que está compuesto por un significado y un significante.

El significante es la unidad de percepción sensorial, es el elemento constitutivo del signo que aporta la imagen de percepción. “No es el sonido material, cosa puramente física, sino su huella psíquica, la representación que de él nos da el testimonio de nuestros sentidos”, de acuerdo al padre de la lingüística moderna, Ferdinand De Saussure. El significado es el contenido semántico, condicionado por el sentido de la contextualización, de cualquier tipo de signo que designa el concepto o la idea. El significado es un proceso cognoscitivo de atribución de experiencias personales que por consenso, por mutuo acuerdo, pueden llegar a compartirse por un grupo humano. Es la adjudicación de un sentido, de una referencia particular que se vuelve preponderante para el sujeto. El significado y el significante no están soldados entre sí, sino que pueden tener un juego, un desfase.

La metáfora y la metonimia son la base del lenguaje del inconsciente, de los símbolos y de la sexualidad. Algunos ejemplos de este código lo vemos en los sueños, el proceso de libre asociación y la geometría. Ambas funciones son tomadas de la lingüística para designar procesos que ocurren en el inconsciente y que se manifiestan en el mundo simbólico e imaginario. Una metáfora, del griego metá, ‘más allá, después de’; y phorein, ‘pasar, llevar’, consiste en el uso de una expresión con un significado o en un contexto diferente del habitual. El término se emplea en psicología para referirse al poder profundo de “las historias-metafóricas” para lograr el cambio interno, la visión o el paso a un nivel de conciencia más profundo. En la cadena de significación, la metáfora es un desplazamiento donde hay un significante fijo pero el significado es móvil, por ejemplo, cuando decimos que la luna es de queso, la palabra queso representa la forma agujerada que tiene la faz de la luna, como en el queso gruyere, es decir, el significante sigue siendo el mismo, sólo cambiaron los significados de esa palabra.

Por otra parte, la metonimia es una condensación donde el significante es móvil, pero el significado está fijo. Es el clásico ejemplo de S. Freud, la palabra famillionarie, donde se mezclan dos palabras para crear una tercera inexistente que busca referirse a una familia de millonarios. En Semiótica y en Literatura, la metonimia es un tropo o figura retórica que alude, como su etimología lo indica, a la traslación de un nombre o traslación de una denominación, es decir, al sentido traslaticio, lo que generalmente suele llamarse el sentido figurado.

En la sexualidad vemos el uso de la metonimia en un proceso de condensación, por ejemplo, cuando le atribuimos a una persona características de otras. Inconscientemente, en nuestra pareja encontramos rasgos de nuestros padres, tíos, abuelos, personas que representan ciertos ideales o frustraciones, etc. En fin, hacemos de una persona un cúmulo de los rasgos de muchas personas. La persona de mayor significación en nuestra vida es aquella que posee un mayor nivel de condensación en nuestro escenario interno de conciencia, es la persona con el mayor nivel de representación simbólica.

 
Artículo #3.1 Tres cuerpos sutiles del Ser Humano: electromagnético, gravitacional y fractal
 

Cuerpo Electromagnético


El ser humano, además de su cuerpo celular, tiene otros cuerpos más sutiles. El cuerpo electromagnético, cuerpo áurico o etérico es aquel estudiado por las filosofías de Oriente desde hace milenios y desde hace algunas décadas por la ciencia occidental. Si uno se frota las manos por unos segundos, se puede percibir un colchón de energía (un calor o frío en las manos) que si uno recorre su propio cuerpo sin tocar la piel, la fuerza de ese campo se incrementa. Es el cuerpo sutil que tiende al caos y tiene su base fisiológica en las siete glándulas del sistema endocrino representadas por la energía electromagnética de los 7 chakras del sistema hindú, los canales de acupuntura y los Nadis. Crea en su complejidad un halo de colores que rodea el cuerpo celular formando una especie de huevo, un óvalo. Cuando se trabaja con este cuerpo, la energía que se percibe es ligeramente caliente, como si tuviéramos un tipo de pegamento mas allá de la piel.

Este cuerpo electromagnético tiene polaridad positiva y negativa, tanto eléctrica como magnética y se puede ver, tocar y sentir de forma natural por cualquier persona con cierto grado de sensibilidad. Además, la ciencia puede medirlo detalladamente, fotografiarlo e incidir sobre él con dispositivos sensibles al campo como las cámaras de los científicos rusos Kirlian o con el sistema del Dr. Korotkov en San Petersburgo, creador de la técnica GDV (Gas Discharge Visualisation, o visualización por descarga de gas) que permite ver, con ayuda de una computadora, el campo de energía humano y detectar las carencias energéticas en el organismo. Su descubrimiento avala y da rigor científico a conceptos de la medicina tradicional de Oriente que en su gran mayoría no se reconocían como válidas en la medicina de Occidente. De hecho, constituye un símbolo de la síntesis entre conocimientos de la medicina alternativa y cuya existencia no estaba con el conocimiento científico más cartesiano y racional de la medicina ortodoxa. Ese campo energético es ahora visible, fotografiable y sirve para la prevención y diagnóstico de enfermedades que están en el cuerpo electromagnético y que pueden llegar a manifestarse en el cuerpo celular.

 

El cuerpo electromagnético se trabaja con emisiones sonoras pues dada la piezoelectricidad (impulsos mecánicos que se convierten en impulsos eléctricos) de algunos elementos en la sangre, se logra alterar con vibraciones sónicas este campo. El uso del sonido y de la música con finalidad terapéutica es tan antiguo como el hombre. Se ha utilizado en las culturas chamánicas de todo el mundo, desde Siberia hasta África y Sudamérica, desde hace miles de años. Es más, en las antiguas escuelas de sabiduría de Egipto, Roma, Grecia, India y otros centros de aprendizaje, el conocimiento del sonido era una ciencia muy refinada basada en el entendimiento de la vibración como principal fuerza causal del universo.

Las tradiciones más antiguas de Oriente poseían una concepción holística del ser humano y consideraban que los males del cuerpo tenían una raíz más profunda. La enfermedad no era para ellos sino una desarmonía energética de la persona. Claro que su concepción del universo ya se aproximaba a los modernos avances del actual conocimiento científico. Para ellos, el espíritu era el elemento esencial, subyacente a todas las cosas, que en última instancia, no es sino energía. De hecho, los últimos descubrimientos en Física Cuántica revelan que ya no es posible hablar de una partícula de materia esencial e indivisible como hasta ahora se había creído, sino de un vacío del que surgió la primera partícula. Es decir, de energía vibrando que al resonar a otra frecuencia hace surgir la materia.

Los antiguos parecían saber que todo en el universo vibra. Pitágoras afirmaba ya que cada cuerpo celestial, cada átomo, produce un sonido particular debido a su movimiento, ritmo o vibración. Todos esos sonidos o vibraciones componen una armonía universal en la que cada elemento sin perder su propia función y carácter contribuye a la totalidad. Esto también incluye al cuerpo humano. Cada célula y cada órgano de nuestro cuerpo, por tanto, vibran continuamente a una determinada frecuencia. Y así, cuando un órgano está sano su frecuencia vibratoria está en armonía con el resto del cuerpo; pero si esa frecuencia se altera, se rompe la armonía y aparece lo que conocemos como enfermedad. También sabemos hoy -por el principio de resonancia- que es posible modificar estas frecuencias alteradas a través de la transmisión de otras frecuencias. Y eso es lo que convierte al sonido en un proceso terapéutico capaz de abrir la puerta al equilibrio físico, emocional, mental y espiritual.

El compositor y teórico mexicano Julián Carrillo denominó “Sonido 13” al método de empleo de microtonos (unidades de una escala musical no tradicional, cuya magnitud es menor al semitono, por ejemplo, el que suena entre un Do y un Do sostenido, o un Si y un Si bemol). El Sonido 13 en el sentido literal de la palabra, fue el primero que rompió el ciclo clásico de los doce sonidos existentes, a la distancia de un dieciseisavo de tono y cuya constante matemática es 1.0072. El enorme mérito técnico e intelectual de Carrillo en el desarrollo del Sonido 13, fue haber creado una familia de pianos, arpas y otros instrumentos, capaces de hacer sonar intervalos equivalentes a cuartos, quintos, sextos, séptimos... hasta dieciseisavos de tono. Geométricamente, lo que hizo Carrillo fue obtener múltiplos y submúltiplos en diferentes proporciones de un tono.

J. Goldman, un músico estadounidense que ha desarrollado su trabajo en el campo de los armónicos, explica que por medio de la resonancia es posible que las vibraciones de un cuerpo alcancen a otro y lo pongan en movimiento. Algo que puede observarse fácilmente cuando un cantante rompe una copa con su voz. Lo que ocurre es que la voz del cantante puede igualar la frecuencia de resonancia del cristal, provocando así su vibración. El Dr. Gaynor, oncólogo que trabaja en Nueva York, asegura haber utilizado con éxito terapéutico el sonido obtenido con cuencos de cuarzo en cientos de pacientes; sonido que influye en el proceso de curación de varias maneras: alterando las funciones celulares mediante efectos energéticos, haciendo que los sistemas biológicos funcionen con más homeostasis, calmando la mente -y con ello el cuerpo- y teniendo efectos emocionales que influyen en los neurotransmisores y los neuropéptidos que ayudan a regular el sistema inmunológico.

Las sustancias cristalinas están presentes en todo el organismo: en los huesos, en la sangre, en el cabello, en la piel, en las uñas y hasta en los dientes. Incluso nuestro ADN se estructura en una doble espiral muy similar a la del cristal de cuarzo. Hay cuatro moléculas de sílice (cuarzo) en cada una de nuestras células, y también está presente en la estructura crístalo-coloidal del cerebro. Todo lo cual hace que tengamos una gran resonancia con los cristales.

Además, el científico norteamericano M. Vogel encontró que el electromagnetismo del pensamiento humano encaja con la matriz formada en la estructura molecular del cuarzo y eso permite su programación por el propio pensamiento (lo sorprendente es que ya en los puranas, antiguos textos vedas de la India, se decía que el cristal de cuarzo podía amplificar los pensamientos hasta 15.000 veces). Por ejemplo, la relación entre el sonido, la palabra y el ADN es directa. Tras estudiar a fondo el ADN, un grupo de investigadores rusos formados por científicos de diversas especialidades -entre ellos genetistas y lingüistas- ha llegado a la conclusión de que nuestro ADN puede ser modificado mediante sonidos, frecuencias y palabras. Los lingüistas rusos descubrieron que el código genético, especialmente en la parte menos estudiada hasta ahora, en lo que se llama el ADN basura – llamado basura pues aparentemente carece de información para la síntesis de proteínas – sigue las mismas reglas de todas las lenguas. El poder de la palabra sobre la salud, sostenido durante milenios por diversas corrientes de pensamiento, quedaría así confirmado.

El biofísico y biólogo molecular ruso, P. Gariaev, y otros colegas del Instituto Ruso de Ciencias en Moscú, centraron su atención más allá de la pequeñez de miras de algunos investigadores occidentales que sólo estudian el 10% de nuestro ADN, la parte donde se localiza la producción de proteínas. Ellos han buscado en el 90% restante porque no les resultaba creíble que millones de años de evolución le hubieran dado más importancia a ciertas partes desconectadas del todo, en lugar de comprender que las partes están imbricadas en una totalidad fractal. Sus experimentos ofrecen una visión absolutamente diferente del código genético y de la función del ADN. Su trabajo presenta a nuestro ADN como un bioordenador capaz de recoger y transmitir información de su entorno a través de ondas de diferentes rangos de frecuencias, a partir de las cuales pueden modificarse los patrones de comportamiento de las células.

Gariaev y sus colaboradores llegaron a las siguientes conclusiones: primero, la evolución ha creado en los biosistemas, organismos vivos, “textos genéticos” articulados de acuerdo a patrones semejantes al conjunto de normas y reglas subyacentes en todas las lenguas humanas, en los que los nucleótidos del ADN, dotados de frecuencias cargadas de información, juegan el papel de caracteres. A partir de esos “textos genéticos”, se van conformando los distintos procesos orgánicos, siendo en definitiva el ser humano una bella sinfonía de la Naturaleza. Segundo, el aparato cromosómico actúa como antena de recepción y transmisión de “textos genéticos”, los descifra, los codifica y los reenvía. Y finalmente, en tercer lugar, los cromosomas de los organismos multicelulares constituyen en forma replegada una puerta holográfica (capaz de reproducir la imagen de todo el organismo en cada una de su partes) abierta al espacio y al tiempo.

Para probar el alcance de su teoría, el equipo de Gariaev realizó experimentos modulando ciertos patrones de frecuencia y consiguió reparar cromosomas dañados por rayos X. Científicos colaboradores de Garaiev, llegaron a capturar patrones de información de un ADN y lo implantaron en otro, reprogramando así las células de éste último, y de esa manera, ¡consiguieron transformar embriones de rana en embriones de salamandra! Insistimos: lo lograron simplemente transmitiéndoles nuevos patrones de información de onda del ADN. Un proceso que se realizó sin los efectos colaterales derivados de la manipulación directa de los genes.

Los investigadores rusos están convencidos de que armonizando los sonidos que emitimos, las palabras, en una determinada frecuencia, se puede llegar a influir en el ADN. Ello quizá pudiera explicar los sensacionales descubrimientos del investigador japonés M. Emoto, quien ha demostrado, a través de experimentos repetibles y acompañados de gran cantidad de imágenes gráficas, cómo las palabras y la música son capaces de alterar la estructura molecular del agua. Estamos hablando de la influencia de la Musicoterapia y de ver cómo influyen las afirmaciones positivas, los mantras, las inducciones hipnóticas, la oración. Recordemos que desde hace miles de años los maestros espirituales insisten en la posibilidad de alcanzar, a través de la oración, la repetición sistemática de palabras o frases, o a través de los mantras o de los estados deliberadamente alterados de conciencia, la posibilidad de actuar sobre la propia salud y la de los demás.

El agua es de mayor abundancia en nuestro cuerpo y en nuestro planeta, y puede ser programada por patrones geométricos de pensamiento o emociones como lo demuestran varios científicos en el mundo. Nosotros diríamos que, más allá de las palabras, es la misma intención, la misma forma geométrica del pensamiento o las emociones las que crean y codifican la Naturaleza.

El sonido tiene un poder gravitacional, como lo apreciamos en los experimentos realizados por de físico suizo H. Jenny. Cymatics es el estudio de los fenómenos de onda asociado a los patrones físicos, producidos por la interacción de ondas sónicas en un medio, generalmente en polvo de licopodio. Se usa este polvo para transformar las vibraciones sonoras en formas geométricas, lo que nos da un precedente y una aplicación trascendental para obtener la geometría especifica de ciertas frecuencias y patrones de onda.

 

Cuerpo Gravitacional


Otro cuerpo más sutil que el electromagnético es el cuerpo gravitacional o también llamado cuerpo astral. Tiene la forma de toroide, cruza y envuelve la totalidad del cuerpo celular. Tenemos un gran toroide vertical en el cuerpo cuyo vacío atraviesa la médula espinal y la parte más externa circunda el cuerpo hasta la distancia que tenemos con los brazos abiertos. Además hay 13 toroides horizontales en el cuerpo que corresponden a los 13 “chakras” del sistema egipcio. Chakra quiere decir, en sánscrito, ‘rueda’ y se conciben como vórtices energéticos situados en los cuerpos sutiles del ser humano. Su tarea es la recepción, acumulación, transformación y distribución del biocampo, también llamado prana o energía sutil. El biocampo comprende la totalidad de los cuerpos sutiles que animan al cuerpo celular.

No debemos visualizar un “chakra” como una antena por donde entra o sale energía sino como un toroide que circunda el cuerpo humano. Esta correcta visualización nos permite encontrar cuál es el campo de irradiación de cada punto de vacío en el cuerpo. A diferencia del cuerpo electromagnético, el cuerpo gravitacional se percibe como ligeramente frío, como un escalofrío que recorre el cuerpo físico. Tiene profundas implicaciones con la energía sexual del ser humano. Este cuerpo toroidal vertical con sus 13 toroides horizontales (perpendiculares a la columna vertebral) y 5 toroides verticales (paralelos a la columna vertebral) constituye la base de la vida de un ser humano en su dimensión implosiva/explosiva; es la conciencia de la vida mas allá de la vida, la conciencia de los sueños, de la muerte, de la sexualidad: en suma, del Inconsciente. El campo gravitatorio se entrena en las artes marciales de Oriente para dominarlo y cambiar el punto de gravedad de la Tierra al propio cuerpo, pudiendo lograr que una persona levite o se vuelva mucho más pesada de lo que su cuerpo normalmente pesa.

El cuerpo gravitacional opera con la energía de Orgon – así llamada por W. Reich, eminente científico y el más brillante discípulo de S. Freud, nacido en Dobrzanica, en el entonces Imperio Austrohúngaro. La energía sexual, la libido, atraviesa el cuerpo físico y electromagnético, creando centros de atracción y puntos de implosión que amoldan y forman el cuerpo gravitatorio. Para poder alcanzar un estado óptimo de salud es indispensable un adecuado uso de la energía Kundalini que se origina en el cuerpo gravitacional y que inunda la totalidad de los dos cuerpos anteriores, el electromagnético y el celular.

En el marco del hinduismo, la Kundalini es una energía representada por una serpiente (o a veces por un dragón), que duerme enroscada en la base de la columna en la zona del perineo. Varias doctrinas utilizan el concepto de la Kundalini: el yoga, el tantra, el Budismo, el Taoísmo, el Sijismo y el Gnosticismo, entre otras.

La representación simbólica de la Kundalini surge en muchas culturas donde la serpiente ha sido venerada como un animal sagrado. En la antigua civilización egipcia, la serpiente que los faraones llevaban en sus coronas representaba su divinidad y alta maestría. También en las culturas maya y azteca se veneraba a la serpiente emplumada, a Quetzalcoatl (símbolo de la ascensión de la energía sexual hacia el cerebro). En el Génesis de la Biblia, la serpiente representa el anunciador del conocimiento del bien y del mal, de la vida y la muerte, de la regeneración (como opuesto al dios Yahveh o a los dioses sumerios Anunakki). La serpiente aparece también representada en el conocido caduceo de Hermes, símbolo de la medicina.

Kundalini es un nombre para lo que científicamente se conoce como una concentración de capacitancia biológica que ocurre cuando hay un alto índice en el incremento de los nutrientes de la espina dorsal. En el interior de una célula encontramos unos microtúbulos que son estructuras tubulares de 25 nm. de diámetro exterior y unos 12 nm. de diámetro interior. Estos se extienden a lo largo de todo el citoplasma. Los microtúbulos son una guía de onda de la célula viva. Esta energía es una huella en el rango de microondas que puede medirse por el “escáner de emisión de microondas” desarrollado por el científico B. Dratch. Este escáner también se utiliza como herramienta científica de radiestesia, ya que la retícula planetaria utiliza microondas para transportar el “flujo de sangre” y la información de la Tierra. El escáner mide el promedio de los pasos del ATP celular, es decir, la densidad metabólica o la energía biológica de la célula, el “fuego interno”.

Casi el 90% de la información sexual se comunica a través de aromas. El Dr. P. Callahan es un científico estadounidense que ha documentado cómo los olores aparecen en el rango de los infrarrojos y los evidenció, en parte, por el rango de frecuencia de la antena física que tienen las narices de los insectos. Dratch mostró que un análisis de la espina dorsal, para el rango de frecuencias microondas en el nivel celular del ATP, producía un mapa en 3D que indicaba la geometría biológica del fuego (o energía) en el cuerpo. Permitiendo, por tanto, crear una historia completa de la guía de onda que estaba bloqueando psicológicamente el flujo de la energía sexual o el chi en el cuerpo gravitacional.

El biólogo norteamericano B. Lipton comenta que podemos pensar en la energía sexual como en una luz de coherencia ultravioleta que es el motor y la moneda de intercambio en el metabolismo celular. La energía sexual puede estimularse creando coherencia glandular y coherencia celular en el rango de microonda y ultravioleta. La coherencia emocional o glandular aparece cuando la actividad de la conciencia del corazón y el cerebro humanos entran en resonancia de fase en proporciones sustentables, como lo veremos más adelante.

Existe, además, un entrenamiento sónico del corazón donde se ajusta la presión del mismo con los líquidos del cerebro. Ben Bentov, un científico, inventor y místico checo, desarrolló un acelerómetro para medir la relación entre el corazón y los líquidos del cerebro, permitiendo observar detalladamente las experiencias Kundalini.

La idea de que Dios es luz y amor es una aseveración mencionada pormuchas religiones. La materia es creada de luz pura, es decir, de ondas de energía torsional y electromagnética. Ya que el punto focal o punto cero de estas ondas crea la conciencia, cada átomo en el Universo es consciente y el Universo mismo es un Ser consciente de sí mismo. La materia en el Universo es atraída al punto cero por un movimiento en espiral, y es esa atracción la que llamamos amor. El inventor e ingeniero estadounidense B. Fuller, cuando descubrió la importancia de la Geometría Sustentable (o Geometría Sagrada) dijo que el amor es, metafísicamente, gravedad. El amor como la fuerza centrante, que atrae y ordena, permite salir del caos por la recursividad no destructiva de sus ondas.

La conciencia de campo fractal o filosóficamente llamada “Dios” es la fuerza de gravedad o fuerza “g” en la dinámica del éter, la sustancia primigenia y es el atractor fractal en la teoría del caos, pues atrae hacia el centro todas las ondas de manera constructiva.

Científicos rusos redescubrieron el nuevo tipo de energía no-electromagnética propuesta por N. Tesla, energía que viaja en ondas espirales y le han llamado ondas de torsión. Las ondas de torsión son consideradas como ondas portadoras de información más que como ondas de energía. Las ondas de torsión están vinculadas a la conciencia humana y son creadas por las emociones, pensamientos y deseos. Las ondas de torsión son la interfase entre el mundo físico y espiritual, aunque debemos tener en mente que en la realidad no hay dualidad entre ambos. La física del campo de torsión es la prometedora física que explica los fenómenos de psicoquinesis y telepatía, emprendidos por algunos gobiernos del mundo. Además nos muestra cómo el universo crea un holograma que recuerda el campo de información, llamado antiguamente el campo Akasha. El campo Akasha es el libro de la vida que registra todo lo sucedido en el universo y lo mantiene presente siempre en cualquier tiempo o espacio.

Existen dos tipos de ondas electromagnéticas: las ondas longitudinales y las ondas escalares. Las ondas longitudinales corresponden al cuerpo electromagnético propiamente dicho y las ondas escalares dan pie a la formación del cuerpo gravitacional. Las que conocemos con frecuencia son las ondas longitudinales, pero las ondas escalares, que han sido descubiertas en el espacio vacío, pueden ser un suministro inagotable de energía en grandes cantidades en cualquier lugar del Universo. Fue el célebre ingeniero e inventor N. Tesla quien las descubrió y las llamó energía radiante. Estas ondas escalares realmente no existen en nuestro mundo “material”, sólo existen en el vacío del espacio, o en el dominio del tiempo. Debemos tener presente que este espacio vacío del que hablamos existe a través de todas las cosas. Incluso nuestros cuerpos son fundamentalmente espacio vacío entre los átomos y moléculas.

 

Cuerpo Fractal


Un cuerpo aún más sutil es el cuerpo fractal. A éste cuerpo se le nombra de muchas maneras: maestro interno, ser interior, guía esencial, etc., pero no quiere decir que esté dentro de algo, sino que atraviesa todas las dimensiones humanas posibles, es un cuerpo hipostasiado o imbricado en todos los demás. Es un cuerpo de conciencia pura. El alma, parafraseando a Gurdjieff, místico y filósofo ruso, no existe: hay que crearla. Y se crea de los tejidos de la voluntad y la conciencia, por patrones y formas de Geometría Sustentable. Se desarrolla elevando el nivel de inclusividad armónica de diferentes campos de carga electromagnética, cuántica y gravitacional que coexiste en el ADN. Todas las religiones y filosofías nos hablan de un desarrollo de las capacidades ulteriores del ser humano. Para ello es indispensable concebir al ser humano como un ser en constante transformación. La transformación implica la recomposición de formas geométricas que necesariamente nos llevan a pensar en un universo relacionado mediante enlaces toroidales.

 

 

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