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Artículos

Geometría Sagrada

Artículo #3.6 Impedimentos para la autoconciencia: Psicología del Neoliberalismo
 
®Todos los derechos reservados. Autor del documento: Arturo Ponce de León para Psicogeometría México. Colaboración: Ninón Fregoso.Se autoriza la reproducción del material contenido en este sitio siempre y cuando se cite la fuente y se respete la integridad del texto.

Extracto del libro "El Poder de la Vida en la Geometría Sagrada y la Arquitetura Biológica de Arturo Ponce de León y Ninón Fregoso" Adquierelo aquí

La globalización moderna, el neoliberalismo como sistema mundial, debe entenderse como una nueva guerra de conquista de territorios subjetivos y objetivos. El sistema mundial, el sistema económico neoliberal, genera escasez y mala distribución de los recursos ya que cada vez hay más personas que tienen menos recursos y menos personas que tienen más; ambos acumulando: unos pobreza, otros riqueza. El neoliberalismo, diseñado por uno de los economistas más famosos de nuestra época, Milton Friedman y apoyado por los ex presidentes M. Tatcher y R. Reagan, es el sistema económico-político-social-psicológico que impera en el planeta. Este sistema está sustentado por una serie de normas y patrones psicológicos que buscan hacer del sujeto un objeto de consumo. Al lograrlo lo hace indiferente frente a la vida. El neoliberalismo no es un “virus” que aqueja a la humanidad, no lo podemos entender en su totalidad si no estudiamos cuáles son las bases psicológicas en las que descansan los mensajes neoliberales emitidos desde las cúpulas del poder y que el sujeto-objeto se adueña de ellas como materia de vida. No sólo se adueña sino que recrea y sostiene este paradigma. El neoliberalismo es una visión que puede llegar a costarle la vida a la Humanidad entera.

Psicológicamente, el neoliberalismo busca como fin último reducir todos los elementos de la realidad, tanto objetiva como subjetiva, a productos. Productos de consumo o de desecho. Este gran teatro del mundo le ofrece a sus consumidores o productores de elementos de consumo la estrecha y única decisión posible: adquirir o rechazar el producto. Los servicios también son productos, son servicios para ayudar a producir otros productos. Se busca que los sujetos se vuelvan objetos, haciéndoles creer que, mediante cualquier cosa pueden tapar su falta primigenia, su punto cero, el punto de anclaje en la vida. El neoliberalismo busca crear la renovada ilusión de completud por cualquier medio. Ese es el éxito de este sistema. No importa lo que se venda, siempre estará enfocado en hacer que los seres humanos crean que por tener un reloj, un abrigo, un coche, una casa, un perfume, espiritualidad, bondad, etc., están completos. Como si cualquier proceso espiritual o material fueran objetos que pudieran poseerse.

La fuerza de la naturalidad del sujeto concebido para ser un toroide se debe imponer y rechazar después de algún tiempo la ilusión que le hace creer que está completo. Al ver el sujeto su vacío y no soportar la presencia del mismo, la persona permite ser seducida por alguna campaña publicitaria para volver a comprar compulsivamente y darse el efímero gusto de creer, una vez más, que está completo. Esta búsqueda es insaciable y no hace sino polarizar los bienes de producción y consumo: aproximadamente el ochenta por ciento del poder adquisitivo lo tienen el veinte por ciento de los habitantes del planeta, hasta llegar al absurdo que se vive en nuestro mundo, donde los bienes de capital le pertenecen a un dos por ciento de su población. Y es éste dos por ciento de supuestos dueños del planeta quienes imponen mecanismos psicológicos muy simples y efectivos al resto del mundo, para que continúen roncando en el autoerotismo que provoca la ilusión de sentirse completo. La Psicología de la ilusión de completud, impera en este reino y sólo podrá ser reformulada por la comprensión profunda de la naturaleza humana y de la realidad fractal.



El neoliberalismo está enfocado en la acumulación de capital, y en esta acumulación contribuyen tanto los que tienen bienes como los que no. No se trata de guerra de los “buenos” contra los “malos” sino que este proceso que vive la Humanidad es simplemente lo opuesto a la ley natural de la vida, donde entre más se distribuye de forma ordenada más abundancia de recursos existen. Los ecosistemas así lo hacen. Las consecuencias neoliberales son devastadoras en la salud ecológica, social, psicológica o económica. La crisis se origina en la confusión de creer que uno es cuando está lleno, cuando no se ven los propios huecos ni se acepta la “infinita grandeza de la pequeñez humana” como comenta repetidamente el semiólogo, Dr. Soto. La compasión es la aceptación gozosa de sentirnos en la dinámica vacuidad/totalidad.

Dejemos algo claro, no es que un grupo de poder en el planeta le imponga la dinámica neoliberal al resto del mundo y éste, imposibilitado de tomar el rumbo de su propia vida, acceda pasivamente, sin mayor remedio que aceptar su cruel destino: la desaparición. El neoliberalismo lo creamos todos en cada acción o no acción, en la forma de relacionarnos los unos con los otros. Veamos qué significa asumir el papel en el que nos situamos en nuestro compromiso con los demás y con nosotros mismos.

El modo de ser social del neoliberalismo busca imponer lo imaginario sobre lo real y busca hacer del consumo y los valores de competencia los fines últimos. En nuestra vida cotidiana podemos encontrar alguno o varios de los valores neoliberales: la caída de los ideales sociales y la consecuente desvalorización de la justicia social; el cambio de valores humanos (como son la solidaridad, el respeto por la diferencia, el apoyo mutuo, entre otros) por valores de consumo, ideales de juventud, éxito y autonomía individualista; la búsqueda de los valores de empresa –la eficacia y la funcionalidad- en todas las relaciones humanas; la sustitución de símbolos y representaciones sociales por logotipos e “historias de éxito” de las empresas; la proliferación de fundamentalismos religiosos, políticos, económicos; el reconocimiento de la existencia de individuos pero el desconocimiento de su identidad como sujetos.

Este proceso de uniformización cultural hace que los sujetos busquen construir su propia identidad por oposición y no a través del diálogo. Esto surge como una necesidad de reforzar los sentimientos de pertenencia e identidad. Es como si el neoliberalismo buscara imponer una nueva religión: individualismo, consumismo, hedonismo, utilitarismo, visión corto-placista. La cultura de la satisfacción, en palabras del economista canadiense Galbraith.

Este modo de ser social genera angustia pues el sujeto siente que no pertenece al mundo, que no se puede sostener en el lugar de la relación con el Otro. El conflicto fundamental reside en el hecho de que el neoliberalismo hace un juego perverso, pues seduce a quien consume y le hace sentir que va a zurcir la falta, sin embargo lejos de proveerle un sentido de vida, lo deja más vacío en cuanto al significado de lo que en realidad es el sujeto. El consumo sólo le provee de una satisfacción pasajera, invitándolo a una búsqueda perpetua del goce de la sensación. Este juego deja desprovisto al sujeto de metas a largo plazo y en su lugar le brinda un sinnúmero de metas cortoplazistas que lo despojan de un sentido y significación profunda en la vida. El sujeto se vive en constante comparación, surgiendo así un exceso de un sujeto narcisista que vive el endiosamiento de las sensaciones y la exaltación de los sentidos por sobre todas las cosas.

El modo de ser del neoliberalismo concibe al sujeto como un objeto de placer y no como una persona con una extensa gama de valores. En este esquema, la libertad se reduce a la libertad de consumo, es decir, a la libertad de escoger tal o cual producto, en el mejor de los casos. E. Galende, psicoanalista español comenta que algunos de los síntomas que la persona vive en la sociedad individualista son la indiferencia, el vacío afectivo, la multiplicación de vínculos indiferenciados, el desinterés por el otro, las defensas perversas, el aislamiento, la desarticulación entre ternura, amor y sexualidad; la pobreza de afectos, la búsqueda de “ser alguien”, la manifestación de parejas fetichistas, las relaciones sadomasoquistas, entre otros.

Pero recordemos que esta forma de relacionarnos como sociedad mundial la estamos creando nosotros mismos en cada momento, en cada forma de actuar con el Otro. Retomemos la responsabilidad de nuestra propia vida, en nuestro propio nivel de conciencia y siendo conscientes del tejido que impera en la mecanicidad planetaria, hagamos vacío interno para provocar un cambio subjetivo que manifieste valores humanos útiles, al decir de Jorodorwsky: una corazón que ama incondicionalmente, un intelecto vacío y abierto a escuchar nuestra voz interior, un cuerpo agradecido y honrado, una sexualidad placentera, libre y responsable. En suma, sabiduría, amor y servicio a quienes nos rodean.

¿Qué modelo puede romper este vicio? ¿Cuál es la forma de poder regresar a la naturalidad en la que fue creado el ser humano? ¿Es posible hacerlo? ¿Con qué herramientas contamos para ello? Los impedimentos para la autoconciencia son mecanismos de defensa. El mecanismo de protección es un dispositivo automático que protege a la persona (no así al individuo) de la ansiedad y de la conciencia de amenazas o peligros de la realidad objetiva o subjetiva. Los mecanismos de defensa mediatizan la reacción del individuo ante los conflictos emocionales y ante las amenazas externas. Encontramos cinco mecanismos de defensa básicos: represión, proyección, formación reactiva, fijación y regresión.

La represión es la negación de un aspecto de la psique por considerarlo como un peligro que puede llegar a destruir a uno mismo. El olvido de algún suceso trágico, de un nombre asociado a una ex pareja o una fecha desagradable pueden ser un ejemplo de ello. Pero también la contención de mis propios instintos, de mis propios impulsos sexuales, motrices, intelectuales o emocionales.

La proyección es la externalización de un peligro interno que se expulsa de la realidad subjetiva y se deposita en algún elemento de la realidad objetiva, creyendo que es la realidad objetiva la que posee tal o cual atributo proyectado. Si nos genera ansiedad nuestra propia critica destructiva hacia las personas y no podemos aceptarlo, no tenemos un espacio adecuado en nuestra propia subjetividad, proyectamos esa característica hacia el exterior y creemos que son las personas las que hacen críticas irreflexivas sobre mí. El aspecto importante no es si las hacen o no, sino la incapacidad de ver el origen de la ansiedad.

La formación reactiva es el intento de esconder un posible peligro interior. Esto lo podemos hacer mediante la exageración de un aspecto interno, la compulsividad, la rigidez o la inflexibilidad. La formación reactiva la podemos ver ejemplificada cuando una persona lava constantemente sus manos por miedo a sus propios impulsos sexuales o a sus impulsos inconscientes. El cuarto aspecto, la fijación, es la compulsividad a permanecer en el mismo estado psicológico. Las etapas por las que atraviesa un ser humano son muchas y muy complejas, pero entendamos que, cuando uno se fija en una etapa, es por miedo a aceptar la falta y las supuestas gratificaciones que se obtienen en tal o cual etapa.

Finalmente, la regresión es el retroceder a una etapa previa quizá por el miedo a dejar de ser lo que se era y reformular nuevamente la identidad del sujeto. La regresión es un mecanismo de defensa que consiste en un retroceso mental a alguna etapa de menor maduración que implica, a veces, a una regresión infantil en el que sujeto empieza a actuar como si fuera un niño. Este mecanismo se activa por lo general en situaciones de mucha presión, angustia, ansiedad o inseguridad. La etapa que la mente elige correcta para la regresión es en la cual el individuo haya sentido mayor seguridad emocional, que por lo general es en su infancia. Un ejemplo es el de los soldados de los campos de concentración, que adoptaban actitudes infantiles al enfadarse y contentarse rápidamente, o de personas encarceladas que empiezan a padecer incontinencia.

¿Cómo ir más allá de esos estados de defensa? ¿Cómo podemos trascender la ilusión de completud? Una posibilidad es mediante la auto-observación. La auto-observación, la capacidad para darse cuenta de los eventos internos y externos simultáneamente. el proceso opuesto a la auto-observación es la identificación que es el achicamiento de la conciencia, cuando uno ve una obra de arte que le llama la atención y empieza físicamente a acercarse a ella hasta que todo el campo visual se reduce a una parte de la obra. El proceso de auto-observación implica el camino inverso al de la identificación, es ir separándose de la obra, ir permitiendo una mayor distancia, para así poder observar la totalidad de ésta y sus múltiples relaciones de conjunto.

Ouspensky, filósofo y escritor ruso, hablaba de dos formas de auto-observar: mediante el saber (la observación de datos) y mediante la comprensión (la observación de la experiencia). Observar un dato carece de la profundidad propia que surge al observar una experiencia en su totalidad. La observación de la experiencia puede darse de manera directa o diferida. Para observar una experiencia de manera directa, hay que tener en cuenta los siguientes aspectos: duración, frecuencia, amplitud, penetración.

La duración es el tiempo en el que se logra mantener la mayor distancia crítica posible entre la secuencia de eventos externos y la secuencia de eventos internos. La frecuencia es el número de veces que repites la auto-conciencia a lo largo de un periodo de tiempo; la amplitud es el rango de percepción que se abre en este proceso, así como las interconexiones que se dan en él. Finalmente, la penetración es la profundidad con la que se puede observar los detalles de la realidad interna y externa. Como la realidad es una realidad toroidal, cuando el sujeto comienza a observar la secuencia de eventos internos, termina observando la de eventos externos. Somos capaces de observar en varias direcciones a la vez. Ouspensky habla de cuatro niveles de auto-observación: sueño, vigilia, conciencia de sí, conciencia objetiva.

En el nivel del sueño, la atención, el foco que dirige la conciencia, está dirigido hacia la secuencia de eventos internos. Cuando una persona sueña, cree que sus sueños son la realidad y los vive como tales. Es el menor nivel de auto-conciencia. “Voy corriendo y mis piernas se derriten, siento que soy devorado por una…”, podría contarnos una persona acerca de una pesadilla que tuvo. Mientras lo sueña puede llegar a creer que es real. Es vivir una secuencia de eventos internos como la única realidad posible hasta que, por la saturación de un estímulo externo (el despertador, el llamado de otra persona o cualquier otro estímulo), la persona sale de ese estado cualitativo de conciencia e ingresa en otro. Abre los ojos y dirige su atención hacia el exterior, olvidándose del interior.

Con su atención puesta hacia afuera, entra al siguiente nivel de conciencia: la vigilia. La vigilia es un estado de “sonambulismo” donde la persona cree que hace cosas, que piensa cosas, que siente cosas pero en realidad es todo lo contrario: es sentido por las cosas, es vivido por la realidad de eventos externos. En este nivel de conciencia, la persona está volcada como un autómata a responder a los innumerables eventos externos. Es el nivel de conciencia del estímulo y la reacción, el nivel conductual. Cree que se dirige hacia algún lugar, pero no es así, son los lugares y las circunstancias externas las que van dirigiendo sus emociones, sus pensamientos, sus estados de ánimo, su sexualidad. Es un estado mecánico donde la persona responde como respondería una máquina. No es dueño de sí, pues no puede ser capaz de observar la respuesta que ocasiona cada estímulo externo en su subjetividad, en su secuencia de eventos internos. Es en este nivel de conciencia donde el hombre es el lobo del hombre, donde el ser humano crea sistemas de destrucción de otros seres humanos.

Por mediación de un “despertador”, de un estímulo cultural hecho con principios de la vida, con los códigos de la Geometría Sustentable como el arte, la arquitectura, la poesía, la música, la persona puede acceder a la conciencia de Sí. Este nivel de conciencia implica salir de la atención lineal, unidireccional y entrar en una atención toroidal. Se le nombraba atención “dividida” pues es un estado en donde la conciencia está dirigida, de forma simultánea, hacia el interior y hacia el exterior. Se está consciente de los eventos externos y de su relación con los eventos internos. Se puede observar qué emociones, pensamientos, sensaciones, despiertan cada estímulo exterior. Se es conciente de la relación entre el ir caminando en la calle y el peso de la gravedad sobre el talón, la alteración del flujo cardíaco y las emociones que se disparan mientras se recibe una noticia; la contradicción emocional cuando se vive un conflicto con una persona amada, por decir algunos ejemplos.

Cuando se recibe un estímulo adecuado se puede acceder a la conciencia objetiva. Un estímulo como puede ser la presencia de personas con un nivel más ensanchado de conciencia o mediante estados de profunda meditación o contemplación. Este nivel de conciencia implica una dimensión mayor de auto-observación. Ya no sólo se observa simultáneamente la secuencia de eventos internos y externos, sino que se observa a quien observa. Es ver a quien ve, viendo.

El juego de la conciencia es el juego de los espejos. Es una relación especular entre diferentes realidades siempre intercaladas de lo subjetivo a lo objetivo y de regreso a lo subjetivo. En este nivel de conciencia, se puede tener acceso a la información específica de la llamada realidad objetiva. Es decir, se puede saber qué forma tiene el núcleo atómico sin necesidad de instrumentos externos. Se puede saber la correcta localización de diferentes objetos en la realidad, a pesar de estar lejos del cuerpo, se puede acceder a conocer el flujo electromagnético del cuerpo y su relación con los sistemas endocrino, cardiovascular, nervioso.

En suma, en la conciencia objetiva, la realidad objetiva se vuelve realidad subjetiva, y la realidad subjetiva se vuelve realidad objetiva en otro nivel, completándose un proceso toroidal donde el interior se vuelve exterior y viceversa. Los pensamientos se vuelven formas concretas. Las formas concretas se manifiestan como emociones. El pensamiento es acción material, las emociones crean la realidad externa. Es el nivel del que hablan, a veces sin saberlo, todas esas teorías sobre “crear tu propia realidad”, aquello de que “tu voluntad, pensamientos, emociones y acciones determinan tu vida”.

Este nivel de conciencia implica un amplísimo ensanchamiento de la fractalidad interior/exterior y no puede lograrse sin una altísima inclusividad armónica de las diferencias. El ir aceptando las contradicciones internas/externas nos permite ir viviendo este nivel de conciencia. El sufrimiento no es sino un bajo nivel de conciencia que se refleja en la no aceptación de contradicciones. Por ejemplo, cualquier persona que vive volcada al exterior, creyendo que sus pensamientos, emociones y acciones no tienen relación con su vida, jamás podrá salir del nivel de sonambulismo y auto-conmiseración.

Finalmente, la conciencia objetiva regresa al nivel del sueño, pero en otra escala, en otra octava, viviendo sueños lúcidos. Sueños donde se está consciente de lo que se sueña, sueños donde se puede entrar en contacto con varias líneas de tiempo. El sueño lúcido es el ejercicio para prepararnos para el bien morir, para llevar nuestra conciencia más allá de la muerte. Pero, ¿qué impide que pasemos de un nivel a otro?

Fundamentalmente, las creencias incorrectas que estrangulan las posibilidades de vida. Continúa Ouspensky y dice que hay cuatro obstáculos para no poder salir de la conciencia de vigilia: mentira, fantaseo, expresión de emociones negativas y parloteo. Si nos detenemos un segundo a reflexionar en esto, nos daremos cuenta que vivimos plagados de este tipo de mensajes. La mentira, ya sea mediante la ocultación de la realidad o la malversación de la misma; el fantaseo, donde se nos hace creer que los ideales, emociones y pensamientos siempre serán satisfechos con el hecho de sólo desearlo; la expresión de emociones negativas, como la queja y la angustia repetitiva. Por último, el parloteo es el hablar sin contenido o sin sentido alguno, hablar por hablar. Estos obstáculos tienen como meta volcar tal cantidad de energía a la dispersión de las geometrías que permiten implotar el campo electromagnético y convertirlo en un flujo gravitacional que hacen casi imposible que nuestro campo gravitacional y electromagnético sostengan la conciencia y la irradien.














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