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Artículos

Geometría Sagrada

Toroides Humanos y energía sexual
Artículo #7.10 Salud y enfermedad
 
®Todos los derechos reservados. Autor del documento: Arturo Ponce de León para Psicogeometría México. Colaboración: Ninón Fregoso.Se autoriza la reproducción del material contenido en este sitio siempre y cuando se cite la fuente y se respete la integridad del texto.

Extracto del libro "El Poder de la Vida en la Geometría Sagrada y la Arquitetura Biológica de Arturo Ponce de León y Ninón Fregoso" Adquierelo aquí

Toda enfermedad surge por un desequilibrio energético o una desinformación (una geometría inadecuada) y puede verse como un conflicto geométrico que causa fricción y produce calor. El sentido de la acumulación está asociado a la enfermedad, pues la acumulación de emociones, pensamientos y movimientos genera que se almacene la libido sin poder ordenarse de forma adecuada. Cuando ocurre esto, la energía del Gran Toroide Vertical no puede fluir libre por todo el sistema y ocasiona una fuga de energía por el subsistema más débil.

Es como si se tuviera una manguera por donde fluye el agua y se le tapara la salida. La manguera comenzaría a hincharse hasta que el agua saliera con mucha fuerza por el primer hoyito que encontrase. Como sabemos, las cadenas se rompen por el eslabón más débil. La fuga de energía vital puede darse en cualquiera de los toroides o que no se detecten fugas pero que el sujeto esté taponeado en la entrada y salida del Toroide Central, al impedir que fluya libremente su energía, impidiéndole conectarse con el fractal de toroides de mayor longitud de onda, viéndose esto reflejado en una falta de energía, en dispersión, en déficit atencional, en improductividad y en enfermedades de todo tipo. También podemos encontrar que el flujo esté cerrado o demasiado abierto en la relación que hay sobre la cantidad y calidad de la energía que entra al sistema. Si entra más energía de la que el sistema puede ordenar, surgen destrucción y caos en áreas importantes de la vida de la persona.

Aproximadamente el 80% de las enfermedades son autogeneradas, es decir, únicamente el 20% de las enfermedades son producidas por desequilibrios físicos, mientras que el resto es producto de desequilibrios psicológicos o, mejor dicho, bioenergéticos. El 80% de estas enfermedades se manifiesta en síntomas físicos que la mayoría de las veces se diagnostican de manera errónea como un desequilibrio del cuerpo físico. Cuando el desequilibrio ocurre en cuerpos sutiles y se encarna en el cuerpo físico, es ideal poder incorporar geometrías o frecuencias adecuadas en el lugar donde ocurrió el desequilibrio y no sólo en donde se manifestó la desinformación, o sea, en el síntoma. La alopatía es útil en el 20% de los casos pues el resto de las enfermedades proviene de la interacción bioenergética entre los distintos toroides y los cuerpos geométricos. La homeopatía busca arreglar los desordenes geométricos mediante extractos de plantas, minerales, animales y su impronta geométrico-energética en el agua. Observar acertadamente el origen del desequilibrio es de suma importancia para evitar desgastes en la relación médico/paciente o sanador/creciente.

Un síntoma es aquello que el sujeto no ha logrado simbolizar, o sea, aquella energía que no tuvo un lugar donde ser acomodada en los cuerpos geométricos o en el biocampo. El síntoma es un sustituto del placer que genera placer, por eso es tan compleja la recuperación de la persona y no puede darse si el sujeto no cobra conciencia de su naturaleza toroidal y que para vivir, necesita de una falta para que su vida pueda fluir natural y sanamente. Es salir de la esfera de la incubación y aceptar vivir en el universo dodecaédrico en el que habitamos. El síntoma taponea, de forma ilusoria, esa incompletud, para hacerle sentir al sujeto que es carente de toda insatisfacción. En ocasiones, la enfermedad se vuelve el mismo objeto ilusorio que taponea el vacío. ¡Imagina cuándo una persona, que se siente completa por la enfermedad, querrá dejar su enfermedad! Por ello, es indispensable cobrar conciencia de eso que nos da la ilusión de completud.

Vamos de lo más sutil a lo más denso. Las enfermedades, en un nivel muy sutil, son sólo formas-pensamiento, son geometrías puras, ya en otro nivel se transforman en emociones, en energía moviéndose desordenadamente dentro del sistema y manifestándose, al final, en el cuerpo físico. De acuerdo al nivel donde se densificó la enfermedad o el patrón incorrecto de vida, se debe determinar el tipo de terapia que mejor puede ayudar a una persona. Por ejemplo, las terapias habladas, que involucran al toroide intelectual, poco servirán si el desequilibro es emocional; mejor convendrían, en este caso, terapias que involucren el cambio en el espectro electromagnético, como son los sonidos, los colores, la música o la vibración.







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