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Artículos

Geometría Sagrada

Toroides Humanos y energía sexual
Artículo #7.7 Estelación y correspondencias de los sólidos platónicos
 
®Todos los derechos reservados. Autor del documento: Arturo Ponce de León para Psicogeometría México. Colaboración: Ninón Fregoso.Se autoriza la reproducción del material contenido en este sitio siempre y cuando se cite la fuente y se respete la integridad del texto.

Extracto del libro "El Poder de la Vida en la Geometría Sagrada y la Arquitetura Biológica de Arturo Ponce de León y Ninón Fregoso" Adquierelo aquí

Al proceso de tomar los vértices de cualquier figura geométrica y extenderlos se le llama estelar. Si estelamos el tetraedro, obtendremos un tetraedro de mayor volumen, es decir, el tetraedro es autor referente, pues geométricamente un tetraedro nos refiere hacia dentro o hacia fuera de otro tetraedro con las mismas proporciones, pero distinto tamaño.

El cubo y el octaedro forman la primera pareja, pues uno refiere al otro. Si tomamos los 8 vértices del cubo y los estelamos, obtendremos las 8 caras del octaedro, si tomamos las 6 caras del cubo y las estelamos, obtendremos los 6 vértices del octaedro. Este proceso puede continuar hacia dentro o hacia fuera infinitamente. La siguiente pareja es el icosaedro y el dodecaedro, ambos son complementarios, pues si extendemos los 12 vértices del icosaedro tendremos las 12 caras del dodecaedro. Esto tiene profundas implicaciones en la concepción de la terapia con poliedros.

El tetraedro, vinculado al toroide vertical sexual, es referente sólo a sí mismo, es decir, la energía sexual genera mayor energía sexual, y sólo pueden trabajarse cualidades energéticas de su misma geometría. La sexualidad se trabaja con sexualidad.

En el caso del cubo y el octaedro, al ser recíprocos, vemos que cuando se trabaja con el toroide motriz, obtenemos un impacto en el toroide intelectual. En el ectodermo (una de las partes del desarrollo embriológico de los animales vertebrados) tenemos la relación entre la epidermis, los nervios y el cerebro, lo cual nos evidencia la vinculación entre la información proveniente del contacto y el desarrollo de interconexiones neuronales. Como bien lo señalan algunos pedagogos, la importancia capital de que un niño sea estimulado de forma natural, que se le permita explorar los movimientos de su cuerpo, genera interconexiones neuronales que le permitirán desarrollar sus capacidades intelectuales a posteriori.

Las etapas previas al pensamiento implican una gimnasia motriz de la que el intelecto se sustentará. De la misma forma, el pensamiento genera movimiento motriz en el orden psicológico individual como cuando después de leer un libro o escribir algún artículo, el cuerpo se pone en marcha: uno camina o hace ejercicio para compensar las funciones geométricas naturales. Esta analogía también sucede en su dimensión social, donde vemos que los grandes pensadores han causado movilizaciones sociales que, de forma eventual, llevan a que la sociedad se organice de otras maneras, cambiando su dinámica.

En el caso del icosaedro y el dodecaedro, la relación es íntima. La salud está profundamente ligada a la conciencia emocional. Es por todos bien sabido el carácter psicosomático de la mayoría de las enfermedades. Casi el 80% de las enfermedades ocurren por un desequilibrio emocional y viceversa. Un desequilibrio instintivo, orgánico, genera un sinnúmero de problemas emocionales. Basta con ver cómo nos sentimos cuando tenemos un dolor de cabeza, de estómago, o por el piquete de algún insecto. Normalmente en estas situaciones, las emociones negativas se disparan de forma inmediata. Sanar el toroide instintivo implica sanar nuestras emociones y mejorar nuestra alimentación comiendo alimentos orgánicos de mayor fractalidad, todo esto permite vivir emociones más placenteras. Tener una adecuada asimilación de los nutrientes, sabiendo comer en las proporciones adecuadas, permite cambiar la predisposición emocional. Ingerir alimentos diversos permite variar el espectro emocional con el que respondemos al mundo. Ingerir frutas y verduras de la mayor diversidad de colores, aromas y texturas amplía nuestra capacidad para responder a un mayor rango de emociones.

En el misticismo hindú se asocia el icosaedro con el Purusha, la semilla-imagen de Brahma, el creador supremo, la imagen del hombre cósmico, equivalente al antropocosmos de la tradición esotérica occidental; mientras que el dodecaedro es asociado con Prakiti, el poder femenino de la creación, la Madre Universal, la quintaesencia del universo natural. En la mitología hindú, Purusha y Prakiti son la eterna dicotomía creadora, representación mística de la dualidad geométrica entre el icosaedro y el dodecaedro. Las antiguas civilizaciones egipcias y babilónicas tenían estos conocimientos y este saber se trasmitió a Grecia a través de los viajes de Tales y Pitágoras.

Respecto a los sólidos platónicos en general, hay algunos que utilizan la razón áurea y otros la razón argentum. Ni el tetraedro ni el cubo tienen el valor de phi y, por ello, se utilizan en el diseño de patrones y en la armonización del biocampo humano para estructurar, contener y atrapar las ondas. Su fuerza radica en el uso de la proporción argentum, la unidad y la √2. En el octaedro, icosaedro y dodecaedro podemos embonar un rectángulo áureo y generar puntos cero que distribuyan, repartan y permitan la entrada y salida de energía/materia. Esto no es sólo un simbolismo, es física pura. Si se le da un pequeño golpe a un dodecaedro de metal, se escucha que la onda del sonido se expande por mayor tiempo que si se le diera un golpe a un hexaedro hecho con el mismo material. Esto ocurre porque su estructura geométrica, sus interrelaciones, no permiten dejar salir a las ondas, es decir, las atrapan.

Lo mismo ocurre con las meditaciones, donde se visualizan cubos o estrellas tetraédricas como motivo de arreglo del biocampo humano: se encierran las ondas sobre sí. El tetraedro y el cubo, incuban; el octaedro, icosaedro y dodecaedro, distribuyen. Una relación interesante entre el cubo y el dodecaedro es que se necesitan cinco cubos para crear un dodecaedro. Si tenemos cuatro cubos girando sobre un mismo eje y al último lo inclinamos 32º, creamos un dodecaedro, ¡precisamente la inclinación del rostro de la Esfinge en Egipto es de 32º, el paso de la incubación a la habilidad para distribuir!







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