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Artículos

Geometría Sagrada

ADN y Geometría Sustentable
Artículo #9.1 ADN y Genoma Humano
®Todos los derechos reservados. Autor del documento: Arturo Ponce de León para Psicogeometría México. Colaboración: Ninón Fregoso.Se autoriza la reproducción del material contenido en este sitio siempre y cuando se cite la fuente y se respete la integridad del texto.

Extracto del libro "El Poder de la Vida en la Geometría Sagrada y la Arquitetura Biológica de Arturo Ponce de León y Ninón Fregoso" Adquierelo aquí

 

La célula es la unidad más esencial que tiene todo ser vivo, es la estructura funcional fundamental de la materia viva, capaz de vivir independientemente como entidad unicelular o formar parte de una organización mayor como un organismo pluricelular. Está formada por una membrana plasmática, el citoplasma y el genoma. La membrana es la parte que circunscribe la célula, el citoplasma es el medio intracelular y el genoma es la información genética.

El ADN es una molécula química de gran complejidad estructural, conocida desde 1953 gracias a los trabajos del los científicos James D. Watson y Francis H.C. Crick. Se encuentra repartido en los cromosomas, cuya función esencial es la de conservar la información durante la división celular, transmitirla de generación en generación y hacer efectiva la información genética que contienen. El número de cromosomas varía de una especie a otra; los humanos tenemos 23 pares, de los cuales la mitad procede del padre y la otra mitad de la madre.

El ADN es una larga sucesión de cuatro compuestos químicos básicos, llamados nucleótidos, que se conocen por las iniciales de sus bases: Adenina, Guanina, Timina y Citosina (A,G,T,C). La estructura espacial que adopta el ADN es la de una doble hélice o, si se prefiere, la de una escalera de caracol en la que los escalones están formados por estas bases.

Por genoma se entiende el grueso de la información genética contenida en el ADN de los cromosomas, estructuras presentes en toda célula. Esta información constituye las instrucciones para la construcción, funcionamiento y perpetuación de las células y, por ende, de todo ser vivo. Es el material hereditario sobre el que trabaja la evolución. Actualmente, la palabra genoma evoca el proyecto que se llevó a cabo, con la cooperación de distintos países, para secuenciar el genoma humano.

La sucesión de estas cuatro letras en el ADN constituye el peculiar lenguaje de esta molécula, que forma frases del tipo: GGCTATTAAACGATCGGGTC...; el texto íntegro del ADN de una célula humana está formado por una larga cadena, compuesta por unos 3.200 millones de letras. La combinación de estas cuatro letras en frases, con un determinado significado funcional, es lo que se conoce como gen, existen entre 20,000 y 25,000 en el genoma humano.

Un gen es una secuencia lineal de nucleótidos de ADN o ARN que es esencial para una función específica, bien sea en el desarrollo o en el mantenimiento de una función fisiológica normal. Es considerado como la unidad de almacenamiento de información y como la unidad de herencia, al transmitir esa información a la descendencia. Estos genes regulan la expresión de todas las reacciones que se dan en nuestro cuerpo, a través de la fabricación de proteínas específicas.

Estas últimas son moléculas que están compuestas por 20 aminoácidos que corresponderían a las letras del idioma de las proteínas. Así, la información de nuestro material genético, el ADN, ha de ser traducido al lenguaje de las proteínas, pero ¿cómo se pasa del lenguaje de los ácidos nucleicos al de las moléculas proteicas?

En 1961, Crick y sus colaboradores establecieron las características del código genético y descifraron la clave del código genético. En el ADN, cada tres bases (lo que se conoce como triplete o codón) indican en la traducción un aminoácido distinto. Otras reglas de la lectura del ADN señalan que ésta no admite la superposición de tripletes y que existen 3 codones que sirven como señales de puntuación, indicando el comienzo y el final de la lectura. Este proceso es complejo y se realiza en dos etapas, conocidas como transcripción y traducción; además, intervienen otras moléculas como el ARN mensajero, el ARN transferente y los ribosomas, que, gracias a su ayuda, el ADN procesa la información necesaria para la construcción de las proteínas, las moléculas que mantienen todos los procesos biológicos del organismo.

Dentro de un gen existen secuencias inertes que no codifican información alguna, llamadas y consideradas por la ciencia actual como “intrones” o “ADN basura”. Por el contrario, los fragmentos informativos que se codifican para la construcción de proteínas, se denominan “exones”. Por lo tanto, los genes se hallan distribuidos en la larga cadena del ADN en fragmentos, indistinguibles a simple vista del resto de la cadena. De este modo, podemos definir a los genes como aquellas secciones de ADN que codifican la síntesis de una proteína. Sin embargo, el llamado ADN basura, aunque la ciencia occidental no le ha prestado importancia, es indispensable para las funciones biológicas del cuerpo y la conciencia humana.

El Proyecto Genoma Humano se inició en 1990 como un proyecto de cooperación internacional cuyo principal fin era el análisis de la estructura del ADN humano, así como la localización y secuenciación de los genes. Paralelamente a este proyecto se ha iniciado la secuenciación de otros organismos, como la mosca del vinagre (Drosophila Melanogaster), a fin de ser utilizada como modelo en las investigaciones sobre el genoma humano. Las expectativas generadas por el Proyecto Genoma Humano son inmensas, tanto en lo económico como en la vertiente médica, pues se presupone que ayudará a comprender y eventualmente, a tratar las más de 4.000 enfermedades genéticas conocidas hasta ahora. Sin embargo, el proyecto conlleva fuertes implicaciones sociales, legales y éticas que deben ser consideradas, pues las corporaciones o gobiernos que posean esta información pueden llegar a tener la capacidad para alterar el código genético, sin el consentimiento de las personas, mediante nanotecnología, alimentos transgénicos, radiaciones o emisión de ondas electromagnéticas que deliberadamente, alteren la frecuencia de cierto gen para causar enfermedades y desequilibrio en la salud humana.

Creemos que los genes determinan las funciones de la célula, sin embargo, el Dr. Lipton, biólogo estadounidense, dice que es la percepción que tenemos del mundo externo lo que controla el comportamiento del ADN. La ilusión de que nuestra salud y destino están programados en nuestros genes, el llamado determinismo genético, se desvanece a la luz de las últimas investigaciones con un enfoque nuevo y radical en las fronteras de la ciencia respecto a la influencia del ambiente sobre el comportamiento celular.

Los biólogos celulares ahora reconocen que el ambiente, la relación universo externo y fisiología interna, y sobre todo, nuestra percepción del ambiente, controlan de forma directa la actividad de nuestros genes. La Física Cuántica y la Geometría Sustentable proveen la comprensión acerca de los canales de comunicación que unen la dualidad mente-cuerpo o realidad subjetiva y realidad objetiva. El conocimiento acerca de cómo los signos vibratorios y la resonancia tienen impacto en la comunicación molecular constituye la clave que revela el mecanismo mediante el cual nuestros pensamientos, actitudes y creencias crean las condiciones de nuestro cuerpo y el mundo externo. Este conocimiento puede ser empleado para redefinir activamente nuestro bienestar físico y emocional, en la medida en la que logremos ensanchar nuestro rango de percepción sensorial. Ensanchar el rango de percepción es vivir con mayor inclusividad armónica. Esto requiere que la diversidad de experiencias y eventos se organicen con ciertas geometrías que generen interferencia constructiva de ondas, de otra manera, la disarmonía y la destrucción seria inevitable.

Al vivir en un universo toroidal, la información del exterior es captada por nuestros órganos de percepción conscientes e inconscientes (la información molecular que capta la membrana celular, por ejemplo) y esta información es la que determina el comportamiento en conjunto y simultáneo de la célula y su medio ambiente, del ser humano y su entorno. Una de las funciones de la célula es la conductividad que consiste en la generación de una onda de excitación, un impulso eléctrico a toda la célula a partir del punto de estimulación. Sin embargo, el impulso eléctrico no es sólo importante en tanto su cantidad, sino en tanto a la calidad, el registro de frecuencia que tiene ese impulso eléctrico. En la membrana celular, podemos encontrar un rango muy amplio de frecuencias de onda anidadas armónicamente, como ocurre con la células sanas, o encontrar huecos en ese rango de frecuencias por donde un virus puede entrar, “engañando” a la membrana celular. El virus encuentra las frecuencias perdidas en la membrana celular y entra a la célula creando ese registro de frecuencias, haciéndole creer a la membrana celular que es algo que la célula necesita.

Los huecos que tiene la membrana son aquellas frecuencias que nuestra alma, a través de la sinfonía orquestada por el latido del corazón y del cerebro, no produce; a menor inclusividad armónica, mayor probabilidad de que aparezcan enfermedades. La célula, si quiere permanecer viva puede cambiar de forma pero no de proporciones. Siguiendo las tres constantes geométricas (√2, √3, √5) y las tres constantes matemáticas (phi, pi, euler) de la Geometría Sustentable, la célula funciona bajo el esquema derivado del tubo toro.







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