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Artículos

Geometría Sagrada

ADN y Geometría Sustentable
Artículo #9.2 Geometría Sustentable en el ADN
®Todos los derechos reservados. Autor del documento: Arturo Ponce de León para Psicogeometría México. Colaboración: Ninón Fregoso.Se autoriza la reproducción del material contenido en este sitio siempre y cuando se cite la fuente y se respete la integridad del texto.

Extracto del libro "El Poder de la Vida en la Geometría Sagrada y la Arquitetura Biológica de Arturo Ponce de León y Ninón Fregoso" Adquierelo aquí

 

Veamos cuál es la geometría del ADN y por qué esta geometría permite al ADN ser un dispositivo sustentable de la vida. El ácido desoxirribonucleico es una molécula orgánica cuya estructura tiene la forma de una “doble hélice” o helicoide. Las moléculas de ADN son las unidades elementales a partir de las cuales se conforman los genes.

Todo comienza por una escalera hecha de escalones llamados bases nitrogenadas, que están ensambladas por dos pares complementarios armados en base a patrones de geometría muy específicos: adeninas con timinas y citocinas con guaninas. El esqueleto de la escalera es de azúcar y fosfato. El alfabeto consiste en 4 letras y 2 relaciones binomiales. Las bases no se unen al azar, sino que funcionan como un rompecabezas donde encajan por sus formas geométricas de determinada manera. Estos compuestos no están unidos entre sí, sino que se enlazan mediante puentes de hidrógeno por donde corre transversalmente una onda (llamada en las tradiciones Soplo o Palabra Divina), que sustenta la vida.

Una onda phonon (equivalente acústico de un fotón) llega al ADN, pues el citoplasma, que es líquido, capta una onda sónica que la transmite a un medio sólido. Los pares se acoplan en eslabones de adenina-timina con 2 enlaces de hidrógeno y guanina-citocina con 3 enlaces.


Bases nitrogenadas: A-T y C-G

Sabiendo que los “phonons” son de la misma naturaleza electromagnética que los fotones, se puede pensar que el ADN podría, por doble resonancia y por efecto láser, jugar el papel de antena electromagnética durante la audición de una amplia emisión de frecuencias ultrasónicas, sónicas y supersónicas.

En 1989, el físico alemán F. Popp, demostró que las células se comunican entre ellas de una manera coherente por medio de fotones. La Dra. Ries, desde la Biología, ha puesto en evidencia las pruebas de la acción coherente de los “phonons” (quanta de unidades vibratorias en la banda sonora) en la célula. El ADN emite ondas en muchas frecuencias (audio/phonon, ultravioleta, frecuencias de radio, microondas, infrarrojo, etc.), y estas ondas se embonan y se trenzan para crear, implosivamente, el alma humana. Los armónicos del ADN, cuando crean compresión constructiva autoregeneran el material genético. Además, las radiofrecuencias pueden alterar la posición de los átomos de hidrógeno de los cuerpos vivos.

En 1953, Watson y Crick publicaron la forma en doble hélice del ADN. Las moléculas de una hélice y otra van en sentido opuesto y un giro completo de la cadena está formado por 10 bases de pares y mide 34 ångströms, mientras que el ancho del diámetro de la cadena es de 20 ångström. La relación de 34/20 se aproxima firmemente a la relación áurea (1.618). La Geometría Sagrada, en este primer nivel de ordenación, se manifiesta en que la forma de las bases nitrogenadas están construidas en hexágonos y pentágonos. La estructura de la adenina y la guanina es de un hexágono y un pentágono, mientras que la de la citosina y la timina es un hexágono. Los elementos que forman las bases nitrogenadas son oxígeno, nitrógeno, hidrógeno y carbono.

¿Pero dónde encontramos, exactamente, la Geometría Sagrada en este primer nivel de organización del ADN? Una vista superior de la molécula de ADN en este nivel de anidamiento nos muestra, a simple vista, un decágono. Una estrella con diez aristas que, desde arriba, se ve así, pero, si lo vemos en 3D, la forma que tiene es la de un dodecaedro. El anidamiento desde la doble hélice helicoidal va ocurriendo a partir de dodecaedros sobrepuestos, más un incremento de giro horizontal de phi2, un radio de giro de phi3 y un incremento de giro vertical de phi.


Corte transversal de la mólecula de ADN revela una geometría decagonal en 2D

El ADN gira a la derecha, es decir, implota y tiene diez escalones para completar un giro, diez escalones como en la Árbol de la Vida de la tradición cabalista. El enlace de hidrógeno en el centro del ADN es un rectángulo áureo por donde oscila la onda phonon y por donde son captados los rayos cósmicos y activados ciertos sectores del ADN. Luego, tenemos las bases nitrogenadas formadas de hexágonos y pentágonos. El esqueleto está hecho de azúcar (desoxirribosa) y fosfatos con formas pentagonales en patrones de Pentaflor que tienen la capacidad geométrica de compartir la información contenida y estructurada por las bases nitrogenadas, ensambladas con pentágonos y hexágonos. La Flor de la Vida en el hexágono da solidez a la estructura.

La información genética contenida en el ARN (mensajero del ADN fuera de núcleo celular) se escribe a partir de cuatro letras que corresponden a las bases nitrogenadas del ARN (adenina, citosina, guanina y uracilo), las cuales van agrupadas de tres en tres. Cada grupo de tres se llama codón y lo que hace es codificar un aminoácido o un símbolo de puntuación como la orden de inicio y parada.

El orgánulo celular que sintetiza las proteínas a partir de aminoácidos, con la información contenida en el ARN, leyendo los codones, es el ribosoma. En el código genético cada aminoácido está codificado por un codón o varios codones. En total hay 64 codones que codifican para 20 aminoácidos y 3 señales de parada de la traducción. Esto hace que el código sea redundante, lo que se denomina código degenerado, y que haya varios codones diferentes que codifican para un solo aminoácido.

En cuanto a los códigos de combinación del ADN, que conforman los muy complejos aminoácidos, el Dr. J. Hurtak, investigador estadounidense, dice que en el código del ADN, la primera y fundamental matriz cúbica consiste en las permutaciones del Tetragrámaton, las cuatro letras en hebreo que se traducen como Yahweh (Yod-Heh-Vav-Heh). Esta matriz se conforma de las tres letras del nombre del Dios hebreo que, en varias combinaciones, crea las 64 celdas o codones. Aunque el Nombre Divino se escribe con cuatro letras, utiliza sólo tres del alfabeto (Y-H-V, con la H repetida), tal como el ADN o el ARN tienen cuatro nucleótidos como “letras”, pero solamente se leen tres a la vez para formar el codón que codifica los aminoácidos de nuestro cuerpo.

En esa larga escalera sólo ciertas partes tienen la secuencia específica para sintetizar proteínas, pues hay ciertas partes que los genetistas llaman ADN “basura” que aparentemente no tienen información, pero que sirven para darle contexto, espacio y proporción a las secciones que lo tienen. Esos sectores del ADN le dan espacio para que la onda phonon pueda oscilar adecuadamente, para que el alma encarne el cuerpo.

Aproximadamente, el ADN de una persona tiene una longitud de seis veces la distancia entre la Tierra y la Luna. Como el universo consiste en fractalidad y anidación de onda, para almacenar tal cantidad de información en el núcleo de las células, la solución que encontró la Naturaleza es enrollar la doble hélice como si fuera un carrete, anidando ondas dentro de ondas para generar mayor recursividad. A esto se le llama anidación infinita no destructiva.

En el primer nivel de organización geométrica encontramos las 4 bases nitrogenadas que forman una escalera torcida; en el segundo nivel de organización geométrica, esta escalera se enrolla en torno a un octámero de histonas para formar una partícula nuclear. Las histonas son proteínas básicas, de baja masa molecular, muy conservadas evolutivamente entre los eucariotas y en algunos procariotas. Forman la cromatina junto con el ADN, sobre la base de unas unidades conocidas como nucleosomas.

Las cuatro histonas nucleares forman un octámero (paquetes de 8 moléculas) alrededor del cual se enrolla el ADN, en una longitud variable en función del organismo. El conjunto del ADN enrollado alrededor del octámero de histonas, junto con la histona H1 y una cierta longitud de el ADN espaciador o linker, constituye lo que se conoce como nucleosoma. En cada partícula encontramos un total de 146 pares de bases nitrogenadas, es decir, hay 146 escalones de la escalera en esta partícula. La Geometría Sagrada, aquí, consiste en la formación de un octaedro, pues las ocho moléculas se disponen en cada vértice de dicho sólido platónico.

En el tercer nivel de anidación geométrica, a partir de ese primer enrollamiento en torno a la partícula nuclear, se continúan enrollando varias partículas nucleares para formar una estructura llamada collar de perlas. Aquí, el ADN espaciador o linker tiene una longitud de 54 pares de bases o “escalones”.

En el cuarto nivel de anidación, se forma una estructura geométrica hexagonal compuesta por un solenoide formado por 6 nucleosomas que por vuelta mide 300 Å (el ångström es una unidad de medida equivalente a la diez mil millonésima parte del metro y es utilizada, principalmente, para indicar las longitudes de onda de la luz visible. En un centímetro caben 10 millones de ångström) de ancho y de largo en el cuarto nivel de anidación. Observemos aquí el eje x, y, z del patrón de la Flor de la Vida.

En el quinto nivel de anidación geométrica se sigue enrollando el ADN y forma un “bucle”, donde encontramos cerca de 50 millones de pares de bases, 50 millones de escalones. En este bucle, vemos el símbolo de infinito o de “8” que, psicogeométricamente, es el toroide que se usa para generar puntos cero de implosión/explosión.

En el sexto nivel geométrico, el ADN se sigue anudando para formar, en cada “rosetón”, 6 bucles y en cada vuelta de “espiral”, 30 rosetones. Una vez más, aparece el patrón de la Flor de la Vida a partir de la ordenación de los tres ejes de rotación para estructurar la vida.

En el séptimo nivel de organización, cada una de las dos “cromátidas” de 5,5 micrómetros está formada por 10 rodillos. La separación entre rodillos produce las bandas de diferentes colores que se observan en el microscopio óptico. A excepción de los gametos (espermatozoides y óvulos), todas las células humanas tienen 23 pares de cromosomas (un par de cromátidas), dando un total de 46. Todo el ADN desarrollado de una célula codifica la infinita complejidad de un ser humano.


 

En este nivel es donde vemos la “x” comúnmente relacionada a la forma geométrica del ADN. Si extendemos la geometría de esta “x”, encontramos la formación de un toroide que implota y explota la carga del exterior y del interior. La información de luz se desplaza por la presencia del patrón de la Pentaflor permitiendo que el ADN se contextualice y que tome información lumínica de la vida en el medio ambiente.

El ADN tiene la función de sintetizar proteínas y para ello se vale del ARN que “duplica” la información del ADN y lo lleva fuera del núcleo celular al citoplasma, donde el ribosoma y la energía ATP de la célula sintetizan las proteínas o bloques edificantes necesarios para la vida de los órganos y tejidos. Encontramos el patrón de la Flor de la Vida como forma que da estructura y solidez a la escalera y a la Pentaflor como geometría que es capaz de compartir hacia el ARN, la información contenida en el ADN, para así codificar la vida.







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